La Heteronimia

La Heteronimia

Hablar de heteronimia nos remite inmediatamente a Fernando Pessoa, el poeta portugués que escribió con varios heterónimos, puede decirse que creo una nueva escuela que ha provocado enorme interés en su literatura y en su persona. A menudo se confunde la heteronimia con la seudonimia, sin embargo no son lo mismo. Escribir con seudónimos es simplemente escribir con un nombre distinto como es el caso de Pablo Neruda cuyo verdadero nombre era Neftalí Reyes y escribir con heterónimos es sentir y pensar como una persona diferente.

¿Ezquizofrenia?  ¿Personalidad dividida?  Es posible que en el caso de Pessoa sí haya sido esto, pero indudablemente que escribir de esa manera supone un ejercicio descomunal de atención, de despersonalización para crear una mentalidad y una sensibilidad distinta y variada.  Fernando Pessoa, Alberto Caeiro, Antonio Mora Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Bernardo Soares, Gervasio Guedes, Jean Seul y L Guerreiro, son la misma persona. Poesía, sociopolítica, novela y todos los ámbitos del trabajo intelectual aborda el escritor portugués con sus por lo menos diez heterónimos.

La Heteronimia de Pessoa ha sido analizada hasta por psicólogos que la atribuyen a una infancia desgraciada, como tantas infancias desgraciadas hay en el mundo.  Pessoa la sublimiza de esa peculiar manera y es pues que esta forma de hacer literatura podría tomarse como una especie de salvavidas para enfrentar sus miedos, angustias y ansiedades,

Muchos seres humanos albergamos personalidades contradictorias que se enfrentan diariamente entre sí y nos provocan confusión. Salvados y felices aquéllos que están libres de estos demonios internos y viven una vida tranquila sin nada que los agite o que los angustie. Se dice que son los artistas los que transitan por las emociones y las pasiones exacerbadas, yo creo que no es así, sino que precisamente son los artistas los que logran sublimar esas pasiones a través de arte mismo.

La heteronimia de Pessoa manifiesta el equilibrio de los sentimientos y pensamientos que eran tantos y tan diversos que requerían incluso estilos distintos para manifestarse literariamente. Maneja la ironía de manera magistral y es quizás una burla al lector que se cree literalmente el significado de las palabras. Leerlo requiere estar preparado para entender siempre el subjetivismo que se disfraza en el más descarnado realismo.

A Pessoa se le ha dado su lugar en la literatura universal, Ciudadano de lo imaginario le llamó alguien, su lectura es fascinante y embriagadora y por supuesto pareciera que estamos leyendo a escritores completamente distintos. Creo que la heteronimia de Pessoa es una búsqueda humana de la verdad. La verdad no existe, sólo hay versiones delimitadas y percepciones personales y Pessoa con su obra,nos da un permiso tácito para aceptarnos como somos, con pensamientos distintos, contradictorios y a veces diametralmente opuestos.

 Liberemos a nuestro Pessoa interior, a nuestros heterónimos que escondidos nos provocan angustia puesto que socialmente se exige congruencia, esta palabra que requiere para mantenerla una gran dosis de frustración y de simulación porque no ser congruente es casi sinónimo de inmadurez. No lo creo así. La búsqueda del acercamiento a lo más certero, a lo más auténtico, incluso a lo más justo, es a través de caminos oscuros, confusos que nos hacen ir y venir, regresar, desandar lo andado y a veces con suerte, avanzar.

De Pessoa les dejo este poema: “No siempre soy igual en lo que digo o escribo, el color de las flores es el mismo al sol que cuando pasa una nube, por eso cuando parezca que me contradigo, es que a veces volteo a la derecha, a veces a la izquierda, pero siempre soy yo, apoyado sobre los mismos pies¨”

®Derechos reservados 2019 Norma Alicia Bustamante Martínez

vivelyendo.normabustamante@gmail.com

UN VIAJE EN BICICLETA / Jorge Castañeda B.

UN VIAJE EN BICICLETA

Jorge Castañeda Bustamante

 

Desde niño sentí una extraña fascinación por los automóviles Datsun, recuerdo a mi vecino, un litigante civil de renombre que había adquirido un modelo 510 color amarillo, una verdadera joya de la industria automotriz que como escultura griega adornaba su casa por las tardes cuando regresaba a comer. Nunca entendí la necedad de la compañía que en los ochentas retiró la marca y nombró a todos sus automóviles Nissan. Siempre quise que mi padre comprara un Datsun, pero por alguna razón sentía una fuerte atracción por los automóviles Ford, de hecho, en aquella época adquirió un Mercury Monarch 75 color rojo, un auto de la gama de lujo de esa empresa, lo cual le agradezco, porque en algún momento ese fue mi primer auto, cómplice de muchas aventuras en mi adolescencia.

Era el inicio del año, yo estrenaba la bicicleta que mis padres me habían regalado en la navidad, debo decir que siempre fui muy habilidoso en la “baika”, como le llamábamos los niños norteños a las bicis, era capaz de saltar en una rampa largas distancias, hacer wilis por toda la calle, ganaba casi todas las carreras de velocidad. Mi “bicla” y yo éramos socios en aventuras maravillosas. Esa vez circulaba a toda velocidad, dando vueltas a la manzana, solo para doblar la esquina y pasar por la casa del licenciado, y con la única finalidad de ver ese Datsun 510, recién salido de la agencia; todavía puedo escuchar mi vocecilla cantando a todo pulmón el comercial de la radio: Datsun 77… Datsun 77… es el auto suficiente… es el auto suficiente, y como si el frio no importara, pedaleaba velozmente, vistiendo solo un shorts, una playera y totalmente descalzo.

El dolor me despertó del sueño, mi voz se transformó en un grito que como lava volcánica irrumpía el cielo de forma violenta, mi espalda lastimada yacía sobre el frío asfalto, decenas de diminutas piedras se habían incrustado sobre cada parte de mi cuerpo como perdigones de una escopeta, pero el daño mas grave lo había sufrido mi pierna, en algún momento mi pie descalzo resbaló del pedal y se metió en los rayos de la rueda delantera. Sucedió demasiado rápido, era algo difícil de soportar para un niño de nueve años.

Hoy por la mañana me levanté un tanto desanimado, y pensé que era un buen momento para conversar con mi niño interior, y me relató esa experiencia que ya había olvidado

-¿Te acuerdas Koke?, un señor detuvo su carro y se bajó a ayudarme, me cargó en sus brazos y me llevó a casa.

– Si me acuerdo, le dije, y te curaron la pierna mientras papá te contaba el cuento de los viajeros espaciales

            Ahí terminó nuestra conversación, se fue sin decir nada más. Luego empezaron a llegar a mi mente una gran cantidad de recuerdos de mis aventuras en bicicleta, grandes hazañas y fuertes caídas, una y otra vez, siempre me volvía a levantar.  Me di cuenta de que no necesitaba ninguna explicación.

Alguna vez un maestro me dijo que la vida era como andar en bicicleta, al principio usas “llantitas” para no caerte, luego comienzas a pedalear solo tratando de mantener el equilibrio, y lo que sigue es viajar, recorrer diferentes lugares, disfrutar los paisajes, respirar el aire y volar con la imaginación. Siempre habrá caídas, resbalones, accidentes, en ocasiones una llanta ponchada (o las dos). La vida es así, como un viaje en bicicleta, en donde solo basta montarte en ella, tomar los manubrios y pedalear, si te caes, te levantas y vuelves a pedalear, solo así llegarás a donde quieres ir.

El Gato Paleta

El gato paleta. / Jorge Castañeda Bustamante

Mi madre odia a los gatos, en realidad tiene una singular fobia por casi todos los animales, su rostro se transforma cuando un minino o un cachorro se le aproxima; tal vez no se ha dado cuenta, pero yo he observado como sus ojos parecen salirse de sus cuencas cuando es tocada por un animalito, y resulta paradójico, pero entre más pequeño sea este, más repulsión parece causarle.  Sería interesante tener a mi madre como paciente en el consultorio y trabajar sus fobias, pero estoy seguro que en vez de encontrar alguna cura para sus males, terminaría yo siendo regañado, mi madre, al fin y al cabo.

Hace muchos pocos años, tendría yo unos 16, jugaba fútbol con mis amigos en la calle (cuando se podía hacer eso) y escuché a mi madre llamarme con un grito aterrador, me asusté muchísimo, pensé que alguien se habría muerto. Corrí a mi casa preocupado, llegué agitado y lleno de sudor, y pude comprobar qué en efecto, en casa había un cadáver, el de un gato, que yacía sobre el hermoso verde pasto del jardín, era un gato gris, su cuerpo estaba manchado de sangre obscura como chamoy, mis instintos detectivescos me llevaron a concluir que habría sido atacado por algún perro y el patio de mi casa fue el lugar que eligió para llegar a morir, ¡vaya escena del crimen!. Luego pensé que mi madre exageraba, ¿Qué daño podía causarle el minino si ya estaba muerto?, pero ella gritaba enloquecida, sus palabras siempre elocuentes se habían esfumado y entre tanto alarido era difícil entenderla, pude intuir entonces que me estaba dando instrucciones de que me llevara al occiso lejos de ahí.

Tomé unos guantes de plástico de esos que se usan para limpiar los baños y me los puse para quitar al caro data vermibus(1), lo tomé por la cola y me di cuenta de que estaba tan tieso, que parecía una paleta, un gato paleta, frío e inmóvil. Lo puse en una bolsa de papel kraft, de esas que antaño daban en los supermercados, luego me subí a mi bicicleta y salí con el cadáver del gato amarrado en los manubrios. Ahora necesitaba buscar un lugar en donde darle sepultura al pobre animal. En el camino me encontré al Güero, un amigo de barrio con el cual compartía una de mis grandes pasiones: el fútbol; nos saludamos con efusividad, y comenzamos a platicar, él le era fiel a los Pumas y yo al Cruz Azul (todavía), íbamos haciendo remembranzas de los grandes partidos de nuestros equipos, y yo le contaba de las hazañas de Miguel “El gato” Marín, uno de los mejores porteros que han venido al fútbol de México. Nunca me preguntó a donde iba, ni yo lo invité a que me acompañara, solo rodábamos nuestras bicicletas por las calles de la ciudad. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero pude darme cuenta que nos habíamos alejado bastante del barrio, llegamos hasta la zona en donde estaban los hoteles y restaurantes de la ciudad; en ese momento me di cuenta de tenía mucha hambre, tal vez por la energía gastada jugando al fútbol, tal vez por el paseo en bicicleta, o tal vez por lo que significó ver a mi madre alterada por el gato, del cual por cierto ya me había olvidado.

En uno de los hoteles trabajaba el Checo, un gran amigo que ya tenía 18 y que había heredado de su padre el don de cocinar, era un joven chef en el lujoso restaurante del hotel (omitiré el nombre por mi propia seguridad) y de vez en cuando lo visitábamos, nos hacía unas tortas de jamón deliciosas, entrabamos a la cocina por la puerta de servicio y comíamos gratis.  Llegamos el Güero y yo al lugar, pero pues no podía andar yo cargando un fiambre por todas partes, así que mientras subíamos por el elevador del hotel con rumbo al restaurante, para entonces el Güero seguía presumiendo los logros de sus Pumas de la UNAM, hasta que acabó con mi paciencia y le dije, “ya deja de hablarme de tus mugrosos gatos… mira, para gatos este”, en ese momento abrí la bolsa de papel y dejé caer el gato sobre el piso del elevador; el Güero comenzó a gritar horrorizado, en cuanto el elevador se detuvo, salió corriendo como si hubiera visto un fantasma; no volví a saber de él hasta varios meses después. Dejé al gato garabato en el elevador y regresé a casa sin comerme mi torta de jamón. ¡Que poco sentido del humor!, abrí una lata de atún y me la comí con un paquete de galletas saladas y una coca cola, justo a tiempo para ver el partido del Cruz Azul contra la Unión de Curtidores, perdimos 1-0, por culpa de Miguel “El gato” Marín que se quedó helado y tieso como paleta, viendo el balón entrar a la portería, aun no entiendo cómo es que todavía le voy al Cruz Azul .

(1) Según una versión, los romanos escribían es sus sepulturas la inscripción caro data vermibus, que significa «Carne dada a los gusanos«. Esta expresión habría derivado en el acrónimo ca-da-ver.

Mindfulness para la Salud Física y Emocional.

Mindfulness Para la Salud Física y Emocional

Dra. Margarita Cota / Dr. Jorge Castañeda 

¿De dónde surge Mindfulness?

La palabra Mindfulness se ha puesto de moda en la psicología contemporánea, mucho se habla y se escribe sobre este término; sin embargo, también es mucho lo que se desconoce al respecto.  Ha lo largo de la historia el ser humano ha intentado (muchas veces infructuosamente) aliviar el sufrimiento, luchando de miles de formas para erradicarlo, pero inevitablemente el dolor físico y emocional, la enfermedad, la separación, la muerte, son experiencias a las que todo ser humano está destinado a vivir.

En 1979, el biólogo molecular Jon Kabat-Zin, quien entre otras cosas es practicante de Yoga y meditación zen, comenzó a trabajar con un grupo de pacientes en un hospital de Massachussets, quienes experimentaban un fuerte sufrimiento tanto físico como emocional debido a la naturaleza de sus enfermedades, en muchos casos terminales. Tuvo la brillante idea de llevarlos al sótano del hospital y comenzar a experimentar con meditación zen, se propuso investigar los posibles beneficios de las disciplinas que estudiaba para conocer la mente y aliviar el estrés, en un contexto clínico. Desarrolló un curso de medicina mente-cuerpo de ocho semanas, basado en prácticas contemplativas y totalmente despojado de creencias religiosas y culturales. Los resultados fueron espectaculares. Ahí surgió Mindfulness como una metodología para aliviar el estrés y el sufrimiento emocional.

¿Qué es Mindfulness?

Mindfulness es un tipo de meditación fundamentada principalmente en la observación de la experiencia presente, que ha generado un nuevo campo de estudio llamado neurociencia contemplativa o neurofenomenología.

Se trata fundamentalmente de desarrollar la habilidad de contemplar la propia experiencia en el aquí y ahora, sin juicios, sin evaluación, con ecuanimidad y compasión, desarrollando la habilidad de regresar al momento presente cada vez que la mente se distrae. Esto evita que nos quedemos enganchados a las rumiaciones (pasado) y a las preocupaciones (futuro).

¿Cuáles son los beneficios y aplicaciones de Mindfulness?

Como terapia formal Mindfulness es recomendada por el departamento de salud en el Reino Unido y se encuentra dentro de las guías recomendadas por el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE), Instituto de Neurociencias y Comportamiento Humano Semel de la UCLA y la Clínica MBSR de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts por mencionar algunos.  Con más de 10 000 artículos publicados y cientos de ensayos clínicos, Mindfulness se considera una intervención efectiva y de bajo costo para la vida actual donde el estrés es un componente cotidiano. Las personas que han incorporado las estrategias de Mindfulness a su vida han encontrado beneficios duraderos tanto físicos como psicológicos, como lo es el incrementar un estado de calma y relajación, mayores niveles de energía y entusiasmo por la vida, incremento de la confianza y aceptación en uno mismo, menos miedo de sufrir depresión, estrés o ansiedad, dolor crónico, adicciones y una mayor compasión por uno mismo y los que les rodean.

Las aplicaciones de Mindfulness son muy variadas pues se han utilizado en escuelas de educación y escuelas para padres, para tratar enfermedades mentales, y como complemento en terapias para el bienestar emocional. Así también ha sido aplicada en enfermedades que involucran en sistema inmunológico como lo es el VIH, Síndrome de fatiga crónica, y esclerosis múltiple.

La reducción de estrés basado en Mindfulness (MBSR) se ha utilizado para aliviar el sufrimiento asociado con los trastornos físicos, psicosomáticos y psiquiátricos ya que se basa en un procedimiento sistemático para desarrollar una mayor conciencia de la experiencia momento a momento de los procesos mentales perceptibles, MBSR puede ayudar a una amplia gama de individuos para hacer frente a sus problemas clínicos y no clínicos. El fundamento es el mantenimiento de la conciencia en el momento presente, desconectándose de los nexos con sentimientos, pensamientos y emociones, y, de este modo, el lograr desarrollar un mayor equilibrio emocional y de bienestar.

La mayoría de las enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y otras enfermedades crónicas son causadas por estilos de vida desordenados que pueden ser modificables, y estas modificaciones constituyen las bases del tratamiento para estas patologías.

También en la enfermedad incurable esta terapia puede modular la experiencia subjetiva del dolor, o mejorar la capacidad para afrontar el dolor y la discapacidad.

Hay estudios que han demostrado que las aplicaciones específicas de mindfulness mejoran la capacidad de regular las emociones, de combatir las disfunciones emocionales, de mejorar las pautas cognitivas y de reducir los pensamientos negativos. La investigación sobre algunas de las dimensiones de esta práctica revela que, en gran medida, mejora el funcionamiento del organismo, pues hace que los procesos de curación, de respuesta inmunitaria, la reactividad al estrés y la sensación general de bienestar físico funcionen de manera mucho más eficaz.

¿Quién puede practicar Mindfulness?

Todos podemos practicar Mindfulness, se estima que en la actualidad tan solo en estados unidos hay alrededor de 10 millones de personas que practican la meditación, y cientos de millones lo hacen en todo el mundo. La práctica de Mindfulness más allá de una metodología para aliviar el estrés y el sufrimiento debe de entenderse como una práctica para vivir la vida con mayor plenitud.  La práctica de Mindfulness ha sido considerada como la revolución en la salud mental del siglo XXI, también ha sido llamado el chaleco salvavidas de la Inteligencia Emocional.

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Margarita Cota Magallanes

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Doctorado en estudios de Biología Celular, Maestría en Psicoterapia Ericksoniana (En curso), Maestría en Seguridad Alimentaria (Mérito Escolar), Especialidad en Docencia Universitaria, Maestría en Ciencias Agrícolas, Biólogo, Diplomado en Inteligencia Emocional Estratégica®. Mas de 10 años de experiencia en el área de la Biología Celular, Genética y nutrición molecular, Docente en la facultad de Medicina de la UABC y en el Instituto Contacto Emocional.

Jorge Castañeda Bustamante

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Lic. en Psicología, Lic. en Derecho, Maestría en psicoterapia Ericksoniana, Maestría en psicoterapia Humanista, Doctorado en psicoterapia Humanista, Certificación en coaching Gestalt, Diplomado en Dirección Empresarial (Instituto Tecnológico de Monterrey) Diplomado en finanzas (CETYS),  docente en el Centro Ericksoniano de México y en el Instituto Contacto Emocional, Profesor invitado en la UNAM. Actualmente se desempeña como psicólogo clínico, hipnoterapeuta. Es investigador, escritor, tallerista, conferencista y conductor y productor del programa de TV Contacto Emocional.

Receta para perder al amor de tu vida.

Receta para perder al amor de tu vida.

Norma Bustamante.

De nada vale el arrepentimiento. Sólo sirve  para hacernos daño, es como echar sal a las heridas. Es agregar más hubieras a la larga cadena de ese verbo en subjuntivo que llevamos sobre nuestra espalda. Pero es imposible no pensar así, cuando el acto fue consumado, las palabras pronunciadas y el peso de la responsabilidad  se hace presente, allí está el arrepentimiento, el maldito arrepentimiento que no sirve para nada, sólo para eso, para sufrir más.

Porque saber que pude haberlo evitado, que no era necesario hacerlo, que fue un impulso estúpido, hace todo más difícil. Tampoco cabe pensar que nunca pude haber imaginado las consecuencias. Claro que pude imaginarlas, pero en el fondo siempre tuve una esperanza de ser comprendida, entendida. No fue así.

Es verdad que debí haberlo dicho quizás en otro momento, en la privacidad de otro espacio, en otra ocasión. Pude haberlo dicho antes, mucho antes o después,  mucho después, o pude no haberlo dicho nunca. Eso hubiera sido mejor. No haberlo dicho nunca. ¿O es que en realidad pensé que obtendría algo a cambio?

Hoy, al paso de los días, he esperado alguna reacción a mi favor, algunas palabras que puedan hacer menos grande mi tristeza. Pero no ha sido así. Creo que he perdido la esperanza. No me ha llamado.

Repaso uno a uno los momentos. La mañana fresca. Todos sonrientes, alegres, parloteaban, reían, y yo como siempre, intentando estar a la altura de las circunstancias, fingiendo claro, como se fingen tantas cosas en la vida, los fingimientos necesarios para llevarla bien, para que las cosas funcionen. Como las relaciones públicas, algo así. Fingir para que te quieran, fingir para que te acepten.

Yo tengo en mi haber una larga cadena de fingimientos. Van cambiando, van perdiendo importancia o los voy olvidando. O puede suceder lo contrario, que he fingido tanto algo que ya tengo la absoluta seguridad de que es cierto. Siempre digo que no tengo sueño, que no estoy cansada, que estoy bien y a tanto decirlo me voy haciendo a la idea de que así es. Mi dosis de bondad para con los demás ha sido infinita. ¡Dios mío!    Me estoy compadeciendo.

Y pues sí, si ya estamos en esto, se vale llorar, al fin que nadie puede verme y puedo llorar. Pero  ¿Por qué lloro?  Por rabia, por tristeza, por impotencia. No lo sé. Quizás por la enorme desilusión de recordar su rostro cuando se lo dije. Se quedó callado, con la mirada fija en mis ojos por varios segundos, luego su gesto se fue transformando y vi como una especie de media sonrisa aparecía en su cara. Una sonrisa horrible, como nunca la había visto. Miró hacia ambos lados, avergonzado ante la posibilidad de que me hubieran oído. Y sí, si me oyeron porque también callaron de pronto y luego él,  ante las miradas atónitas de todos, se fue haciendo hacia atrás lentamente. Dejó el vaso en la mesa, todos dejaron los vasos donde pudieron y se fueron yendo,  poco a poco

No he vuelto a verlo. Lo llamo y no me contesta, ha bloqueado todas las formas que teníamos de comunicación y estoy muriendo de tristeza. Iré a buscarlo, me vestiré toda de verde y me sentaré afuera en un rincón del jardín y le pediré perdón y le diré que no es cierto, que no es cierto, que no es cierto, mil veces se lo diré.

Si lo hubiera dicho antes, o después,  o no lo hubiera dicho nunca. Pero lo dije en ese momento, precisamente cuando el equipo metía el gol contra Alemania, fue en ese momento que me atreví, cuando todos gritaban. El ruido ensordecedor de la gente, las miradas extraviadas, las bocas babeantes, y el estruendo terrible fue insoportable. El me vio y supo que algo pasaba, abrí la boca y ya no pude más y le dije la verdad,  esa verdad que hizo que esa noche lo perdiera quizás para siempre. Le dije, con la voz pausada, clara y precisa:   Lo siento, mi vida, pero debo decirte, que no me gusta, jamás me ha gustado el futbol.

viveleyendo.normabustamante@gmail.com

Cómo reducir las emociones tóxicas con Mindfulness.

Cómo reducir las emociones tóxicas con Mindfulness.

Jorge Castañeda Bustamante

 

En principio el título de este artículo me ha causado un poco de conflicto, porque no es que las emociones sean tóxicas por sí mismas, en general cualquier emoción tiene una función primordialmente adaptativa al entorno y son indispensables para nuestra supervivencia. Sin embargo, lo mismo podríamos pensar sobre el agua, sin el vital líquido estaríamos condenados a morir, pero tomar agua en exceso puede llegar a matar a cualquier ser humano.

Nuestro cerebro tiene millones de años de evolución, y sus principales sistemas emocionales están diseñados para la supervivencia. Pensemos por un momento que, en los últimos cien años, la humanidad ha logrado un impresionante desarrollo tecnológico que ha cambiado nuestras vidas, y los últimos veinte tal vez han sido los que más nos han impactado. Pero el cerebro evoluciona a un paso más lento, fuimos diseñados por la naturaleza para enfrentar peligros como el ataque de una fiera o la defensa del hogar ante el acecho de tribus enemigas, y en general amenazas que no duraban tanto tiempo. Luego del peligro, el cerebro activa los mecanismos de reposo.

En la actualidad vivimos embotellamientos de tráfico, problemas en el trabajo, crisis económicas, violencia en las calles; a esto hay que sumarle las distorsiones emocionales provocadas por las redes sociales; todo esto es interpretado por nuestro cerebro emocional de la misma forma en que lo haría si tuviéramos un león enfrente a punto de devorarnos, estamos programados para huir, atacar o quedarnos paralizados. Nuestro organismo segrega una hormona llamada cortisol y neurotransmisores como la epinefrina y la norepinefrina, y son los que nos permiten responder de manera inmediata al peligro. Las mismas sustancias se producen ante las situaciones cotidianas que el cerebro interpreta como amenazas, intoxicando nuestro cuerpo y causando daños a la salud física: infartos, colitis, gastritis, disfunciones sexuales, problemas inmunes; a la salud mental como depresión, ansiedad, problemas de memoria; además de problemas en las relaciones de pareja, en el trabajo, con los seres queridos, entre otros. La mente tiene poco o casi nada de tiempo para reposar, un verdadero círculo vicioso.

¿Qué hacer entonces para desintoxicarnos emocionalmente?  Uno de los antídotos más adecuados es la práctica de mindfulness, que es uno de los diferentes tipos de meditación que han sido tomados por occidente de la tradición milenaria budista. No, no se trata de un tema religioso, mindfulness es la adaptación a la psicología de una filosofía ancestral y su objetivo principal es la atención sostenida y no valorativa sobre la experiencia presente, sin juzgarla, sin evaluar la y sin reaccionar ante ella.  En un principio fue visto por la psicología tradicional como una pseudociencia o una especie de chamanismo, sin embargo, la evidencia científica sobre su eficacia es contundente, y esto gracias a los avances tecnológicos en las neurociencias.  Dentro de los principales beneficios que se han encontrado con la práctica cotidiana y constante de mindfulness son:

  1. El aumento significativo en el área frontal izquierda del cerebro, región asociada a la regulación emocional y al afecto positivo.
  2. Engrosamiento de la corteza frontal, área responsable de la toma de decisiones y el razonamiento.
  3. Engrosamiento de la ínsula, región responsable de la percepción de sensaciones internas, y básica para la percepción de los sentimientos.
  4. Compensación de las pérdidas en la ínsula y la corteza, debido a que a partir de los veinte años comienzan a deteriorarse.

Aprender mindfulness es relativamente sencillo, constantemente imparto talleres y cursos a empresas y particulares, en el consultorio enseño a mis pacientes a hacerlo; hay además una buena cantidad de libros disponibles sobre el tema. El asunto es que de la misma forma en que comprar un libro de cocina no te hace cocinero, leer un libro no te hace experto meditador, se necesita práctica constante.

Es importante conocer la teoría, pero es más importante la práctica diaria, puedes iniciarte incluso antes de conocer la teoría. ¿Por cuánto tiempo? con cinco o diez minutos al día, luego subir a quince, veinte o treinta. Lo importante es el compromiso con la práctica.

Te comparto uno de los ejercicios más comunes que enseño a mis pacientes o mis alumnos, es el mismo ejercicio que se utiliza en diferentes programas para reducción de estrés en Europa y Estados Unidos. La meditación se hace regularmente en silencio, sin embargo, este tipo de grabaciones son muy útiles cuando estamos iniciando, es como ponerle llantitas a la bicicleta.  Mi recomendación es que lo hagas en un lugar tranquilo, sentada o sentado, con los pies bien plantados en el suelo, la espalda recta y los ojos cerrados. Esta grabación durará 29 minutos.  Espero de corazón sea provechosa para ti.

Jorge Castañeda Bustamante

P.D. si tienes dudas o inquietudes, escríbeme a jorge@contactoemocional.net, y te responderé a la brevedad posible.

Sobre mí:

Psicólogo clínico, maestría en psicoterapia ericksoniana, doctorado en psicoterapia humanista, Docente, Investigador, Conferencista, Conductor y productor del programa de TV Contacto Emocional.

Director del Instituto Contacto Emocional

Una historia de caballos.

Tenía apenas doce años cuando monté por primera vez un caballo; fue en una excursión al rancho “Las Juntas” viajando con mis compañeros de secundaria. Recuerdo con detalle ese hermoso lugar, arboles, montañas, un gran arroyo alimentado por una cascada, una enorme pradera en tonos amarillo y verde, había también una construcción al estilo de las películas del viejo oeste, y caballos, muchos caballos. Mis compañeros de grupo que en su mayoría eran más altos y fuertes que yo, inmediatamente escogieron a los mejores ejemplares para montar, era impresionante ver como algunos de ellos a su corta edad, cabalgaban como jinetes expertos, el sonido de los cascos de las patas golpeando el suelo a toda velocidad hacía que la tierra retumbara con un sonido tan grave que se escuchaba más fuerte que los gritos de las decenas de adolescentes corriendo por todo el rancho; me sentía inmensamente feliz.

Quise emular a mis compañeros jinetes, pero tenía miedo de montar, sin embargo todos me animaron a hacerlo, por lo que pedí al encargado del rancho que me asignara el caballo mas manso que tuviera, y así fue, me trajo un ejemplar añoso y cansado, el que nadie quería montar.  Una vez arriba del animal, me explicaron cómo mover las riendas para indicarle al penco a donde quería yo ir, de poco me sirvió porque el animal hacia lo que le venía en gana; sin embargo le agradecí que me llevara a la pradera, alejado del resto de mis compañeros que galopaban como verdaderos cowboys, tenía miedo de verme ridículo, tenia pavor de que mi caballo fuera a chocar contra otro, y el animal pareció darse cuenta de eso, me encontraba entonces cabalgando y disfrutando de un agradable y tranquilo paseo por la inmensa pradera.

Súbitamente el caballo dejó de trotar, se detuvo y quedó posando como estatua de glorieta, totalmente inmóvil, yo intentaba hacerlo andar pero él no hacía caso, le gritaba, le picaba las costillas, y nada; pude darme cuenta que el rocín parecía asustado, así que lo mejor era apearme y regresarme caminando con mis compañeros; sin embargo el caballo no me dejaba, todas las veces que intenté bajarme el caballo brincaba para que dejara de moverme, yo estaba realmente molesto.

Después de un minuto que me pareció una hora, y de varios intentos fallidos de bajar del animal, escuche un estruendo y sentí como si estuviera temblando la tierra, en el horizonte había una gran nube de polvo que se hacía cada vez más  próxima, comencé a sentir mucho miedo, en unos cuantos segundos el penco y yo estábamos atrapados en medio de una furiosa estampida de búfalos, mis gritos de auxilio fueron ahogados sin que alguien fuese capaz de oírlos, no sé cuánto tiempo pasó, tal vez muy poco, pero fue una de las experiencias mas aterradoras de toda mi vida, regrese llorando con mis compañeros, el encargado del rancho estaba preocupado, me dijo que pude haber muerto aplastado. A partir de ese día no volví jamás a confiar en un caballo.

Hace unos días, tomando un café con mis amigos Carlos y Salvador, grandes conocedores de los equinos, les conté mi amarga experiencia, cuando finalicé mi relato Salvador exclamo sin titubear: ¡Ese caballo te salvó la vida!.

Hay un viejo refrán que dice “todo es según el color del cristal con el que se mira”; durante muchos años mi visión de los hechos fue la de un niño asustado, así lo viví en ese momento y así asimilé la experiencia en mi adultez; durante años vamos acumulando experiencias agradables y desagradables, y según nuestra óptica presente en el momento de los hechos es como esos acontecimientos marcan nuestra existencia; sin embargo, hacer un reencuadre, mirar las cosas desde otra perspectiva, es algo que puede convertir un hecho desagradable en un gran aprendizaje. Ese caballo realmente me salvó, de entrada él sabía más acerca de la vida en el rancho que yo, sabía también que si me hubiera permitido bajarme, hubiese muerto aplastado por los búfalos, su instinto paternal me protegió. Algunos expertos dicen que los caballos son capaces de sentir emociones como el miedo o la agresividad tal y como lo hacemos los seres humanos, yo creo que es así, gracias a ese caballo estoy vivo, y este espacio se lo dedico a él, con toda mi gratitud.

Relato de un sueño cumplido

Las noches de invierno son increíblemente silenciosas, contrario a las noches de verano que  se alegran con los cantos de los grillos y los gritos de los chamacos que aún juegan en las calles, el invierno es muy diferente, no solo por la obviedad del clima, el negro del cielo es más negro, la gente se esconde en sus casas, los autos duermen en las calles bañados por la bruma, el aire es más pesado y las aves se encuentran de viaje por otras latitudes.

Hay sueños difíciles de cumplir, pero por más lejano que parezca el objetivo, estoy convencido de que siempre tendremos alguna manera de alcanzarlo. En mi infancia al igual que todos los niños, yo tuve mis sueños, deseaba con toda mi alma convertirme en astronauta, flotar en el espacio rodeado de estrellas, perderme en la obscuridad infinita, sabiendo que regresaría sano y salvo a casa.  Sin embargo nadie pareció tomarme en serio, fue realmente frustrante que no hubiera un mínimo interés cuando contaba mi sueño de convertirme en un viajero espacial, sobre todo por parte de los adultos, que ni siquiera se molestaban en decirme algo cuando pedí su opinión, algunas palabras de aliento, o tal vez un sabio consejo, nada de nada, simplemente fui ignorado, y a veces el desdén duele más que la negativa.

Una gélida y negra noche de enero subí al techo de mi casa, vestía un improvisado disfraz de astronauta, compuesto por tres chamarras sobrepuestas y tres pantalones (uno encima de otro), unas botas para la nieve, dos pasamontañas, unos guantes de jardinería y un casco de motociclista que usó mi padre en los años sesenta, me tendí boca arriba a contemplar el obscuro cielo estrellado, y después de unos minutos de permanecer estático observando el firmamento, tuve una sensación similar a la experienciada por un astronauta, flotaba en el frio espacio sideral, solo y en silencio, disfrutando de una extraña paz; gozando de esa hermosa multitud de estrellas que me parecían cada vez más cercanas, pude vivir un delicioso y profundo trance hipnótico, podía sentir como esos diminutos cuerpos celestiales acariciaban mi rostro, casi las podía tomar y jugar con ellas en mis manos, tomar acaso algunas para decorar mi habitación, o para regalarlas a mi madre el diez de mayo.

Hay sueños difíciles de cumplir, sin embargo yo lo logré el mío a los 10 años de edad, aún antes de saber siquiera conducir un auto, fue una experiencia maravillosa,  a pesar de la incertidumbre, de los obstáculos propios y ajenos, de la falta de presupuesto y de la indiferencia de los demás; logré mi sueño y lo he repetido en varias ocasiones, todavía lo hago, de vez en cuando realizo alguna que otra caminata espacial.

Las noches de invierno son increíblemente obscuras, tanto lo son que solo así es posible ver el cielo lleno de estrellas. Las noches de invierno son increíblemente silenciosas, tanto lo son que en ellas encuentro la paz necesaria para construir y alcanzar mis sueños.