Mindfulness para la Salud Física y Emocional.

Mindfulness Para la Salud Física y Emocional

Dra. Margarita Cota / Dr. Jorge Castañeda 

¿De dónde surge Mindfulness?

La palabra Mindfulness se ha puesto de moda en la psicología contemporánea, mucho se habla y se escribe sobre este término; sin embargo, también es mucho lo que se desconoce al respecto.  Ha lo largo de la historia el ser humano ha intentado (muchas veces infructuosamente) aliviar el sufrimiento, luchando de miles de formas para erradicarlo, pero inevitablemente el dolor físico y emocional, la enfermedad, la separación, la muerte, son experiencias a las que todo ser humano está destinado a vivir.

En 1979, el biólogo molecular Jon Kabat-Zin, quien entre otras cosas es practicante de Yoga y meditación zen, comenzó a trabajar con un grupo de pacientes en un hospital de Massachussets, quienes experimentaban un fuerte sufrimiento tanto físico como emocional debido a la naturaleza de sus enfermedades, en muchos casos terminales. Tuvo la brillante idea de llevarlos al sótano del hospital y comenzar a experimentar con meditación zen, se propuso investigar los posibles beneficios de las disciplinas que estudiaba para conocer la mente y aliviar el estrés, en un contexto clínico. Desarrolló un curso de medicina mente-cuerpo de ocho semanas, basado en prácticas contemplativas y totalmente despojado de creencias religiosas y culturales. Los resultados fueron espectaculares. Ahí surgió Mindfulness como una metodología para aliviar el estrés y el sufrimiento emocional.

¿Qué es Mindfulness?

Mindfulness es un tipo de meditación fundamentada principalmente en la observación de la experiencia presente, que ha generado un nuevo campo de estudio llamado neurociencia contemplativa o neurofenomenología.

Se trata fundamentalmente de desarrollar la habilidad de contemplar la propia experiencia en el aquí y ahora, sin juicios, sin evaluación, con ecuanimidad y compasión, desarrollando la habilidad de regresar al momento presente cada vez que la mente se distrae. Esto evita que nos quedemos enganchados a las rumiaciones (pasado) y a las preocupaciones (futuro).

¿Cuáles son los beneficios y aplicaciones de Mindfulness?

Como terapia formal Mindfulness es recomendada por el departamento de salud en el Reino Unido y se encuentra dentro de las guías recomendadas por el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido (NICE), Instituto de Neurociencias y Comportamiento Humano Semel de la UCLA y la Clínica MBSR de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts por mencionar algunos.  Con más de 10 000 artículos publicados y cientos de ensayos clínicos, Mindfulness se considera una intervención efectiva y de bajo costo para la vida actual donde el estrés es un componente cotidiano. Las personas que han incorporado las estrategias de Mindfulness a su vida han encontrado beneficios duraderos tanto físicos como psicológicos, como lo es el incrementar un estado de calma y relajación, mayores niveles de energía y entusiasmo por la vida, incremento de la confianza y aceptación en uno mismo, menos miedo de sufrir depresión, estrés o ansiedad, dolor crónico, adicciones y una mayor compasión por uno mismo y los que les rodean.

Las aplicaciones de Mindfulness son muy variadas pues se han utilizado en escuelas de educación y escuelas para padres, para tratar enfermedades mentales, y como complemento en terapias para el bienestar emocional. Así también ha sido aplicada en enfermedades que involucran en sistema inmunológico como lo es el VIH, Síndrome de fatiga crónica, y esclerosis múltiple.

La reducción de estrés basado en Mindfulness (MBSR) se ha utilizado para aliviar el sufrimiento asociado con los trastornos físicos, psicosomáticos y psiquiátricos ya que se basa en un procedimiento sistemático para desarrollar una mayor conciencia de la experiencia momento a momento de los procesos mentales perceptibles, MBSR puede ayudar a una amplia gama de individuos para hacer frente a sus problemas clínicos y no clínicos. El fundamento es el mantenimiento de la conciencia en el momento presente, desconectándose de los nexos con sentimientos, pensamientos y emociones, y, de este modo, el lograr desarrollar un mayor equilibrio emocional y de bienestar.

La mayoría de las enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer y otras enfermedades crónicas son causadas por estilos de vida desordenados que pueden ser modificables, y estas modificaciones constituyen las bases del tratamiento para estas patologías.

También en la enfermedad incurable esta terapia puede modular la experiencia subjetiva del dolor, o mejorar la capacidad para afrontar el dolor y la discapacidad.

Hay estudios que han demostrado que las aplicaciones específicas de mindfulness mejoran la capacidad de regular las emociones, de combatir las disfunciones emocionales, de mejorar las pautas cognitivas y de reducir los pensamientos negativos. La investigación sobre algunas de las dimensiones de esta práctica revela que, en gran medida, mejora el funcionamiento del organismo, pues hace que los procesos de curación, de respuesta inmunitaria, la reactividad al estrés y la sensación general de bienestar físico funcionen de manera mucho más eficaz.

¿Quién puede practicar Mindfulness?

Todos podemos practicar Mindfulness, se estima que en la actualidad tan solo en estados unidos hay alrededor de 10 millones de personas que practican la meditación, y cientos de millones lo hacen en todo el mundo. La práctica de Mindfulness más allá de una metodología para aliviar el estrés y el sufrimiento debe de entenderse como una práctica para vivir la vida con mayor plenitud.  La práctica de Mindfulness ha sido considerada como la revolución en la salud mental del siglo XXI, también ha sido llamado el chaleco salvavidas de la Inteligencia Emocional.

Dale Click Aquí para ver el video

Margarita Cota Magallanes

35882466_10216683447508717_1492054166703439872_n

Doctorado en estudios de Biología Celular, Maestría en Psicoterapia Ericksoniana (En curso), Maestría en Seguridad Alimentaria (Mérito Escolar), Especialidad en Docencia Universitaria, Maestría en Ciencias Agrícolas, Biólogo, Diplomado en Inteligencia Emocional Estratégica®. Mas de 10 años de experiencia en el área de la Biología Celular, Genética y nutrición molecular, Docente en la facultad de Medicina de la UABC y en el Instituto Contacto Emocional.

Jorge Castañeda Bustamante

jc

Lic. en Psicología, Lic. en Derecho, Maestría en psicoterapia Ericksoniana, Maestría en psicoterapia Humanista, Doctorado en psicoterapia Humanista, Certificación en coaching Gestalt, Diplomado en Dirección Empresarial (Instituto Tecnológico de Monterrey) Diplomado en finanzas (CETYS),  docente en el Centro Ericksoniano de México y en el Instituto Contacto Emocional, Profesor invitado en la UNAM. Actualmente se desempeña como psicólogo clínico, hipnoterapeuta. Es investigador, escritor, tallerista, conferencista y conductor y productor del programa de TV Contacto Emocional.

Receta para perder al amor de tu vida.

Receta para perder al amor de tu vida.

Norma Bustamante.

De nada vale el arrepentimiento. Sólo sirve  para hacernos daño, es como echar sal a las heridas. Es agregar más hubieras a la larga cadena de ese verbo en subjuntivo que llevamos sobre nuestra espalda. Pero es imposible no pensar así, cuando el acto fue consumado, las palabras pronunciadas y el peso de la responsabilidad  se hace presente, allí está el arrepentimiento, el maldito arrepentimiento que no sirve para nada, sólo para eso, para sufrir más.

Porque saber que pude haberlo evitado, que no era necesario hacerlo, que fue un impulso estúpido, hace todo más difícil. Tampoco cabe pensar que nunca pude haber imaginado las consecuencias. Claro que pude imaginarlas, pero en el fondo siempre tuve una esperanza de ser comprendida, entendida. No fue así.

Es verdad que debí haberlo dicho quizás en otro momento, en la privacidad de otro espacio, en otra ocasión. Pude haberlo dicho antes, mucho antes o después,  mucho después, o pude no haberlo dicho nunca. Eso hubiera sido mejor. No haberlo dicho nunca. ¿O es que en realidad pensé que obtendría algo a cambio?

Hoy, al paso de los días, he esperado alguna reacción a mi favor, algunas palabras que puedan hacer menos grande mi tristeza. Pero no ha sido así. Creo que he perdido la esperanza. No me ha llamado.

Repaso uno a uno los momentos. La mañana fresca. Todos sonrientes, alegres, parloteaban, reían, y yo como siempre, intentando estar a la altura de las circunstancias, fingiendo claro, como se fingen tantas cosas en la vida, los fingimientos necesarios para llevarla bien, para que las cosas funcionen. Como las relaciones públicas, algo así. Fingir para que te quieran, fingir para que te acepten.

Yo tengo en mi haber una larga cadena de fingimientos. Van cambiando, van perdiendo importancia o los voy olvidando. O puede suceder lo contrario, que he fingido tanto algo que ya tengo la absoluta seguridad de que es cierto. Siempre digo que no tengo sueño, que no estoy cansada, que estoy bien y a tanto decirlo me voy haciendo a la idea de que así es. Mi dosis de bondad para con los demás ha sido infinita. ¡Dios mío!    Me estoy compadeciendo.

Y pues sí, si ya estamos en esto, se vale llorar, al fin que nadie puede verme y puedo llorar. Pero  ¿Por qué lloro?  Por rabia, por tristeza, por impotencia. No lo sé. Quizás por la enorme desilusión de recordar su rostro cuando se lo dije. Se quedó callado, con la mirada fija en mis ojos por varios segundos, luego su gesto se fue transformando y vi como una especie de media sonrisa aparecía en su cara. Una sonrisa horrible, como nunca la había visto. Miró hacia ambos lados, avergonzado ante la posibilidad de que me hubieran oído. Y sí, si me oyeron porque también callaron de pronto y luego él,  ante las miradas atónitas de todos, se fue haciendo hacia atrás lentamente. Dejó el vaso en la mesa, todos dejaron los vasos donde pudieron y se fueron yendo,  poco a poco

No he vuelto a verlo. Lo llamo y no me contesta, ha bloqueado todas las formas que teníamos de comunicación y estoy muriendo de tristeza. Iré a buscarlo, me vestiré toda de verde y me sentaré afuera en un rincón del jardín y le pediré perdón y le diré que no es cierto, que no es cierto, que no es cierto, mil veces se lo diré.

Si lo hubiera dicho antes, o después,  o no lo hubiera dicho nunca. Pero lo dije en ese momento, precisamente cuando el equipo metía el gol contra Alemania, fue en ese momento que me atreví, cuando todos gritaban. El ruido ensordecedor de la gente, las miradas extraviadas, las bocas babeantes, y el estruendo terrible fue insoportable. El me vio y supo que algo pasaba, abrí la boca y ya no pude más y le dije la verdad,  esa verdad que hizo que esa noche lo perdiera quizás para siempre. Le dije, con la voz pausada, clara y precisa:   Lo siento, mi vida, pero debo decirte, que no me gusta, jamás me ha gustado el futbol.

viveleyendo.normabustamante@gmail.com