Cómo reducir las emociones tóxicas con Mindfulness.

Outdoor portrait of a sad teenage girl looking thoughtful about troubles in front of a gray wall

Cómo reducir las emociones tóxicas con Mindfulness.

Jorge Castañeda Bustamante

 

En principio el título de este artículo me ha causado un poco de conflicto, porque no es que las emociones sean tóxicas por sí mismas, en general cualquier emoción tiene una función primordialmente adaptativa al entorno y son indispensables para nuestra supervivencia. Sin embargo, lo mismo podríamos pensar sobre el agua, sin el vital líquido estaríamos condenados a morir, pero tomar agua en exceso puede llegar a matar a cualquier ser humano.

Nuestro cerebro tiene millones de años de evolución, y sus principales sistemas emocionales están diseñados para la supervivencia. Pensemos por un momento que, en los últimos cien años, la humanidad ha logrado un impresionante desarrollo tecnológico que ha cambiado nuestras vidas, y los últimos veinte tal vez han sido los que más nos han impactado. Pero el cerebro evoluciona a un paso más lento, fuimos diseñados por la naturaleza para enfrentar peligros como el ataque de una fiera o la defensa del hogar ante el acecho de tribus enemigas, y en general amenazas que no duraban tanto tiempo. Luego del peligro, el cerebro activa los mecanismos de reposo.

En la actualidad vivimos embotellamientos de tráfico, problemas en el trabajo, crisis económicas, violencia en las calles; a esto hay que sumarle las distorsiones emocionales provocadas por las redes sociales; todo esto es interpretado por nuestro cerebro emocional de la misma forma en que lo haría si tuviéramos un león enfrente a punto de devorarnos, estamos programados para huir, atacar o quedarnos paralizados. Nuestro organismo segrega una hormona llamada cortisol y neurotransmisores como la epinefrina y la norepinefrina, y son los que nos permiten responder de manera inmediata al peligro. Las mismas sustancias se producen ante las situaciones cotidianas que el cerebro interpreta como amenazas, intoxicando nuestro cuerpo y causando daños a la salud física: infartos, colitis, gastritis, disfunciones sexuales, problemas inmunes; a la salud mental como depresión, ansiedad, problemas de memoria; además de problemas en las relaciones de pareja, en el trabajo, con los seres queridos, entre otros. La mente tiene poco o casi nada de tiempo para reposar, un verdadero círculo vicioso.

¿Qué hacer entonces para desintoxicarnos emocionalmente?  Uno de los antídotos más adecuados es la práctica de mindfulness, que es uno de los diferentes tipos de meditación que han sido tomados por occidente de la tradición milenaria budista. No, no se trata de un tema religioso, mindfulness es la adaptación a la psicología de una filosofía ancestral y su objetivo principal es la atención sostenida y no valorativa sobre la experiencia presente, sin juzgarla, sin evaluar la y sin reaccionar ante ella.  En un principio fue visto por la psicología tradicional como una pseudociencia o una especie de chamanismo, sin embargo, la evidencia científica sobre su eficacia es contundente, y esto gracias a los avances tecnológicos en las neurociencias.  Dentro de los principales beneficios que se han encontrado con la práctica cotidiana y constante de mindfulness son:

  1. El aumento significativo en el área frontal izquierda del cerebro, región asociada a la regulación emocional y al afecto positivo.
  2. Engrosamiento de la corteza frontal, área responsable de la toma de decisiones y el razonamiento.
  3. Engrosamiento de la ínsula, región responsable de la percepción de sensaciones internas, y básica para la percepción de los sentimientos.
  4. Compensación de las pérdidas en la ínsula y la corteza, debido a que a partir de los veinte años comienzan a deteriorarse.

Aprender mindfulness es relativamente sencillo, constantemente imparto talleres y cursos a empresas y particulares, en el consultorio enseño a mis pacientes a hacerlo; hay además una buena cantidad de libros disponibles sobre el tema. El asunto es que de la misma forma en que comprar un libro de cocina no te hace cocinero, leer un libro no te hace experto meditador, se necesita práctica constante.

Es importante conocer la teoría, pero es más importante la práctica diaria, puedes iniciarte incluso antes de conocer la teoría. ¿Por cuánto tiempo? con cinco o diez minutos al día, luego subir a quince, veinte o treinta. Lo importante es el compromiso con la práctica.

Te comparto uno de los ejercicios más comunes que enseño a mis pacientes o mis alumnos, es el mismo ejercicio que se utiliza en diferentes programas para reducción de estrés en Europa y Estados Unidos. La meditación se hace regularmente en silencio, sin embargo, este tipo de grabaciones son muy útiles cuando estamos iniciando, es como ponerle llantitas a la bicicleta.  Mi recomendación es que lo hagas en un lugar tranquilo, sentada o sentado, con los pies bien plantados en el suelo, la espalda recta y los ojos cerrados. Esta grabación durará 29 minutos.  Espero de corazón sea provechosa para ti.

Jorge Castañeda Bustamante

P.D. si tienes dudas o inquietudes, escríbeme a jorge@contactoemocional.net, y te responderé a la brevedad posible.

Sobre mí:

Psicólogo clínico, maestría en psicoterapia ericksoniana, doctorado en psicoterapia humanista, Docente, Investigador, Conferencista, Conductor y productor del programa de TV Contacto Emocional.

Director del Instituto Contacto Emocional